jueves, 16 de abril de 2009

La Séptima Maravilla

Afortunadamente el “Sacrificio Maya” que me tomé anoche tenía más hielo que tequila porque el calor es realmente apremiante. Las dos horas de viaje por una vía en medio de la nada han terminado, llegando a la estación de autobuses preguntamos dónde podemos conseguir un cajero electrónico, ya que los divertidos billeticos mexicanos que más bien parecen divis de divercity, se han acabado. Me dijeron que como a cuadra y media podría conseguir uno dentro de un OXXO, así que le recomendé la maleta a mi amiga Argentina y al fin de 5 cuadras logré encontrarlo. Daniela no daba crédito a sus ojos cuando me vio aparecer de nuevo sin dinero, ya que como cosa rara había olvidado la tarjeta en la maleta.


Hoy es 21 de Marzo, día del equinoccio de primavera en el Chichen Itzá, estoy seguro que si hubiera planeado estar justo para esta fecha aquí no lo hubiera conseguido. Aún no he descifrado como restarle una hora a mi reloj así que continúo con la hora Colombiana, pero llegué puntual al sitio que en el 07/07/07, fue reconocido como una de las nuevas maravillas del mundo por iniciativa del cineasta suizo Bernard Weber y con el reconocimiento de millones de votantes por internet y celular alrededor del mundo.


$30 nos cobró el taxista hacía la entrada y otros $51 nos costó entrar. El Sitio parece Corferias, mucha gente, muchas colas. Guardamos las maletas y nos enfilamos en la que toca, salimos a un corredor de vendedores donde los colores son los protagonistas. Bolsos, ponchos, artesanías, artículos en barro, artículos en piedra y sin caer en cuenta de que vamos avanzando, de las ramas de los árboles aparece la impresionante pirámide, el Chichen Itzá (La boca del pozo de los brujos).


Recorremos el lugar tomando fotos antes de encontrar un claro en el mar de gente, que como si se tratara de un concierto de Live 8, no ve la hora en que la serpiente tome su forma. Un hippie de rastas doradas dirige la melodía de su armónica hacía el poniente para que el sol haga su gran entrada, pero éste aguarda en su camerino de nubes a que el público termine de organizarse para comenzar con el show.


Finalmente me pongo los audífonos y me acuesto en el suelo maya, enfoco la mirada entre la pirámide y el cielo y contemplo cómo un dragón de algodón baila al ritmo de “Autumn Tactics” de Chicane. Siento paz, mucha paz, y es entonces cuando se abre el telón y los rayos solares se toman el escenario, se posan ante la cara norte del Castillo, el dios Kukulcán ha comenzado a descender, enseguida en una sola voz los vivas y los aplausos no se hacen esperar, como tampoco lo hacen el sol y las plataformas que sincronizan sus pasos y dejan ver la brillante espalda de la serpiente. Como en un comercial de Benetton, todas las razas, nacionalidades y edades se toman de las manos y bailan una canción que nunca suena, una nueva era ha comenzado y nosotros podemos saberlo gracias a un sistema desarrollado por los mayas siglos atrás de que la NASA tuviera una pista.


Luego de esta emotiva celebración, nos vamos al paradero a tomar el bus a Valladolid, pero pronto un gracioso gordito con cabeza de tomate nos ofrece un par de puestos para las playas, así que sin pensarlo dos veces abordamos y llegamos en punto de las 10 a Tulum, otro lugar lleno de magia y color.

Buscamos un hostal del que no sabemos nada pero del que tenemos un papelito en el bolsillo. Llegamos a “La Casa del Sol” y Danny y yo rentamos una cabaña privada, ya que económicamente es lo mismo que el dormitorio y nos ofrece mejores ventajas. Salimos en busca de algo de comida y unos tragos y luego de rendirnos ante el inepto dependiente del autoservicio que no diferencia entre el tequila y la coca cola, nos vamos a escuchar música a las hamacas de la terraza hasta que el cansancio finalmente nos somete. De ahora en más la energía vendrá del mar, así que nos armamos de bloqueador y gafas oscuras porque la arena blanca de México aguarda por nosotros.

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